sábado, 29 de septiembre de 2018

Dimensiones



“La forma del agua”

La forma… del aire, del oxígeno inhalado que vuelve ínfimo cada detalle.

La forma de la mirada que tanto narra, sin murmullo alguno.

La forma de una lágrima, determina su significado; 
azucarado como el almíbar o agrio como la leche prescrita.

La forma de los sentimientos… 
tan sedosa y etérea como una nube 
o tan turbulenta como un vórtice.

“La vida, es lo que queda del naufragio de nuestros planes” 
               ¿o acaso pueda ser moldeada?                 
Regenerada, con mayor perfección aún de lo que inicialmente fue concebida.

La admiración de lo inesperado, crece en plasticidad, en aroma, en tacto…

A mi madre.

Texto inspirado en la película "La forma del agua"
los entrecomillados son frases del film. 

                                                                          

miércoles, 23 de mayo de 2018


Viaje a Siria





A diez minutos de casa llegué a Siria.

   La gigantesca escultura de barro en el interior de la nave, derrama las lágrimas vertidas por su autor. Tanto sufrimiento acumulado por todo un pueblo masacrado, huérfano de tantos seres perdidos. Por la obra destruida de toda una vida.

   Los largos brazos de Assem me rodean una y otra vez con ternura, traspasándome sus vivencias, su dolor infinito, su amor por la vida, por sus congéneres.

   Otro compatriota, también exiliado, se nos une con amplia sonrisa y aunque algo más reservado, con la misma dosis de cariño. Ahora es un actor reconocido, pero la mochila es idéntica.

   Entre charla y pitillos me introduce en un mundo que siento muy cercano. Los bombardeos, las ejecuciones, la rabia contenida…

   La luz es mágica, la gran nave iluminada tan solo por el haz que deja pasar la puertezuela del portón metálico. Lo alumbran a él, a Assem, a sus intensos ojos azules, a su piel curtida, a su cano y alborotado cabello, a su humildad a pesar del reconocimiento internacional como escultor. Débilmente llega el fulgor a la majestuosa escultura ciega que nos protege la espalda.

   Todo se ensombrece. La puerta queda bloqueada por otro compatriota más.

   Le acaban de comunicar que su hermano, aquel que era militar y encarcelaron hace años por negarse a acribillar a la población, aquel que ni su padre apenas reconoció en la única visita que le permitieron hace poco, aquel que ya solo era piel y hueso, aquel… lo acababan de fusilar.

   No hay cuerpo al que llorar. Ni al que depositar en lugar digno. Ni siquiera, la posibilidad de velar en familia, bajo previa y estricta prohibición.

   Durante dos horas el hermano se ahoga en llanto. Todos enmudecidos. No hay palabras para el consuelo ante tanto daño, ante tanta injusticia, ante tanta rabia…

   Me desgarra, trago las lágrimas observando esos dos mil kilos de barro vivo que pronto se fundirán en bronce y viajarán para asentarse en París, exiliados. A la espera de que algún día puedan descansar donde siempre debió estar, en Alepo.

   En casa de Assem, un amplio pasillo a rebosar de esculturas de metal, piedra y bronce, gritan la atroz barbarie que cada día sigue ocurriendo sin que el mundo la pare…

Gracias a Assem Al Bacha 
por ser un enorme humano.

                                                                         Natacha Marlo



domingo, 15 de abril de 2018

El ánfora

Ahí está. Erguida y orgullosa sobre el archivador de persiana. Como una escultura majestuosa que en otros tiempos brillara como el bronce que era.
Ahora, una pátina negruzca de experiencias vividas la mantiene igualmente bella, aún sin brillo.
Cada cierto tiempo la pulo. No con la intención de recuperar su lustre, sino por higiene, para evitar molestas telarañas.
Y cada vez que lo hago, repaso las abolladuras, imaginando cómo surgieron las cicatrices.
En el interior siempre aparecen pizcas desmoronadas de esa ánfora paquistaní, donde seguro muchas bocas saciaron su sed.

                                   Natacha Marlo

 Gracias a mi niño
por este regalo tan especial.


domingo, 10 de diciembre de 2017

Luciérnagas


Vida: movimiento constante. A mayor grado de descenso, superior vigor de ascenso.

Heridas: tan solo un recordatorio de vulnerabilidad. Alertan para ser restauradas.

 Especímenes infectos; se alimentan como sanguijuelas provocando tormento. Otros en ausencia de vileza, se nutren de sublimidad, de detalles ínfimos, de caricias, de pequeños gestos que arrancan sonrisas. 

 Pese a resultar pretencioso, sé que pertenezco a la segunda comunidad. Esto me vuelve invencible. Me llena de vitalidad para soportar cuantos golpes quieran recaer en mí. Me dota de la capacidad de poder admirar las increíbles luces de éste loco mundo, alzándome a lo más alto, como una luciérnaga danzando entre miles de ellas en una tibia noche de verano. Imperturbable, díscola, radiante.

Natacha Marlo

sábado, 10 de junio de 2017

Sombras


   Sombras ocultas, permanecen avizoras. Desconozco la intención que les conduce a tal vigilia. ¿Quizás afán protector? Puede que tan solo sean observadoras de vidas ajenas, dada su incapacidad de vivir una propia... Tal vez acechan para caer sobre su presa soltando su rabia y frustración, tal vez...

   De cualquier modo, tremendamente inquietantes. ¿Debería acaso ocupar su lugar? No sé, digo yo, para saber que se siente, el poder sobre el que no se sabe espiado, descubrir sus secretos para luego, para luego ¿Qué?...

   Supongo, por suponer, que hay que estar hecho de otra pasta. Mi lugar, sin duda, es bajo el haz de luz, a cara descubierta, sin nada que esconder, sin nada que temer, con el rostro bien alzado...

                                                                                                                                        Natacha Marlo